¿Qué hacer ante las rabietas de un niño?
Esta es una pregunta que a todos los padres y madres, con hijos con edades comprendidas entre los 3 y los 5 años, inquieta.
Y es que, que tu pequeño retoño, ese que tanto has deseado, ese que se ha portado tan bien hasta ese momento siendo una personita dulce y graciosa, comience a transformarse en algo más parecido a un demonio, no es gracioso.
Después de leer este artículo pretendo que tengas una idea clara de porqué sucede esto y qué podemos hacer al respecto, para no terminar sintiéndonos peor ni haciéndolos sentir peor a los peques.
Así que, vamos allá.
Las rabietas, ¿qué son?
Las rabietas podríamos definirlas como momentos (que a veces parecen eternos), en los que las emociones de un niño, entre 3 y 6 años, se tornan incontrolables. Incontrolables para el niño y para los adultos que están a su alrededor.
Generalmente están provocadas por negativas, es decir, la frustración ante no obtener lo que se desea se vuelve tan incontrolable que todo salta por los aires.
¿Por qué se producen las pataletas?
Pues como se ha comentado antes, la principal causa son las negativas de los padres ante ciertas cosas. Esto no quiere decir que sea esa la “culpa”, dado que poner límites es algo necesario y positivo para los niños, sino que es el principal motivo que las inicia.
Si profundizamos un poco más, ¿de dónde crees que vienen esas emociones tan descontroladas? Pues efectivamente, del cerebro. Ese órgano maestro que lo controla todo en el comportamiento humano.
El cerebro de los niños está en continua formación, y parece ser que no termina de formarse hasta los 25 o 30 años. ¿Esto qué quiere decir? Pues quiere decir que tal y como no se nos ocurriría pedirle a nuestro hijo que corriese una maratón con 3 años, tampoco deberíamos pedirle que contenga o razone sus emociones como un adulto.
Existen diversas teorías neurológicas que pretenden explicar qué ocurre. Y una de ellas divide el cerebro en varias partes: el cerebro instintivo, emocional y racional. Adivina en qué cerebro NO están los peques a los 3 años. Efectivamente, en el cerebro racional.
El comportamiento de los niños durante esas edades está regido por el cerebro instintivo (pura respuesta de lucha-huida LINK) y por el cerebro emocional (puras emociones en su máximo esplendor). Pero tranquila, hay una buena noticia, y es que el cerebro racional comienza a hacer su aparición a partir de los 6 años de edad. Se comienzan a desarrollar otras estructuras cerebrales que los ayuda a controlar y a razonar lo que ocurre.
La etapa de los berrinches. ¿Son normales?, ¿Hasta qué edad?
Por lo tanto, sí. Los berrinches son normales, aunque dentro de un momento veremos cuándo pueden no serlo.
¿Y hasta qué edad? Pues hasta los 6 años podemos estar dentro de la normalidad. Por lo tanto, pedirles que los controlen antes sería como pedirles peras al Olmo…
Y quizá ahora estés pensando: ¿pero por qué mi hijo se comporta así cuando la hija de mi amigo es un cielo desde que nació? Pues bueno, en los humanos existen mucha variabilidad y nuestros temperamento y personalidad pueden ser muy diversos.
La parte heredada de nuestra forma de ser puede tener su correlato en las personalidades de nuestros progenitores. Así que si tu pequeño tiene ese carácter puedes plantearte a quién e parece de la familia. Quizá esto no sea un consuelo, pero sí nos ayude a ver la luz al final del túnel.
Otro factor importante que media en el temperamento de los pequeños es la crianza en casa, cosa de la que hablamos a continuación.
Crianza de los hijos:
Tengo una noticia mala y una buena. Comencemos con la mala.
Y es que parece ser que nuestra forma de ser está explicada, en gran parte, por nuestra herencia. Y nuestra herencia no se puede cambiar, o al menos hay muy poquito cambio.
Tranquila. La buena noticia es que sí que tenemos un porcentaje nada desdeñable para poder contrarrestar a los genes. Y se trata de la crianza, es decir, de las experiencias de la vida.
¿Recuerdas cuando te conté que le cerebro se va desarrollando hasta los 30 años? ¡Pues parece ser que esto sigue ocurriendo hasta que nos morimos! El cerebro es plástico, es decir, puede cambiar con el paso del tiempo y en función de nuestras experiencias vividas. Así que sí, siempre queda la esperanza.
La crianza es fundamental en la vida de los peques. En esas edades, el vínculo de apego hace que los padres sean lo más importante de sus vidas. Los elementos a través de los cuales pueden sobrevivir. Y siguiendo esta premisa, los padres deberían ser ejemplos de conducta y de enseñanza, y eso precisamente es lo que podemos hacer. Enseñarles.
Enseñarles a regular sus emociones. ¿Cómo? Poco a poco. Con paciencia. Permaneciendo a su lado. Sin enfadarnos. Sin gritos. De un modo respetuoso. Pensando en su cerebro. Ayudándoles a construirlo.
Descartando problemas de aprendizaje o salud:
Entonces las rabietas son normales. Sí. Pero tampoco podemos caer en reduccionismos, ya que existen escenarios en las que NO lo son.
Cuando las familias llegan a mi consulta aquejadas por las pataletas de sus peques, lo primero que hacemos es descartar que existan problemas graves de aprendizaje o de neurodesarrollo.
Rasgos neuronales como las Altas Capacidades LINK, TEA LINK, una inteligencia por encima de la media o TDAH, podrían aumentar la intensidad y frecuencia de las rabietas de manera general. Por lo tanto, es necesario que estos escenarios se descarten.
Puedes acudir a expertos profesionales para valorar estos rasgos en tu peque. Psicólogos infantiles, integradores sensoriales o terapeutas ocupacionales podrían ser figuras importantes a la hora de una evaluación en profundidad.
Igualmente, importante es descartar que no existan problemas psiquiátricos infantiles (bipolaridad, esquizofrenia, etc.), los cuales conforman un porcentaje muy bajo pero existen. Para descartar estos diagnósticos deberemos de acudir al pediatra para que nos derive al especialista más indicado.
¿Y si mi bebé hace berrinches?
Que tu bebé haga berrinches es algo incluso mucho más normal.
El mecanismo de los bebés es el llanto. El llanto y lloro para alertar a sus figuras de cuidado que algo no va como debería. Por lo que los bebés lloran, al igual que los pájaros cantan.
Ahora bien, debemos tener en cuenta que algunos berrinches son por causas naturales como pueden ser los cólicos, la falta de cuidado e higiene, intolerancia a ciertos alimentos o problemas físicos.
Para descartar cualquiera de estas causas es recomendable acudir a algún especialista como un fisioterapeuta, terapeuta ocupaciones o logopeda infantiles.
A continuación iremos viendo cómo son de normales en el resto de edades.
En niños de 2 a 3 años:
Esta es, por definición, la etapa de las temidas rabietas. ¡Bienvenidas!
En esta etapa debemos tener en cuenta el cerebro. ¿Y qué tendrá que ver el cerebro en todo esto? Pues mucho.
Cuando las estructuras que se encargan de mantener la razón y cordura en los humanos no están desarrolladas todavía, toda la persona está a merced de sus emociones y explosiones. Por lo que sí, es normal que el peque haga rabietas ya que todavía no tiene el cerebro lo suficientemente desarrollado.
Es cierto que aquí no se acaba la historia, ya que si no los psicólogos infantiles no tendríamos trabajo. Importa lo que hagamos con los niños en casa a la hora de ponerles límites, saber decir que NO, enseñar maneras de autorregulación y un largo etc.
Te animo a que te hagas las siguientes preguntas para descartar si pueden estar mediando otros factores en los berrinches de tus hijos:
1- ¿Pasas el tiempo suficiente con él?
2- ¿En el colegio está todo bien?
3- ¿En sus actividades fuera de la escuela, va todo bien?
Si la respuesta a estas tres preguntas es un claro SÍ, ya habrás descartado una gran cantidad de posibles causas.
En niños de 3 a 6 años:
Siguiendo el hilo argumental anterior, a estas alturas el cerebro de tu hijo cada vez debería estar más desarrollado y capacitado para contener sus emociones y acciones negativas cuando se enfada.
Por lo que aquí deberíamos hacernos otra serie de preguntas a cerca de: ¿sufre mi hijo algún trastorno neuronal como por ejemplo el TDAH o las Altas Capacidades?
Estos trastornos suelen acentuar la falta de control de impulsos y emociones en niños de estas edades, por lo que deberíamos descartar si algo de esto está ocurriendo con su pediatra.
Una vez descartado y si las rabietas continúan, lo mejor será acudir a un psicólogo infantil para que nos de pautas sobre cómo manejarnos con el niño, ya que será nuestra principal estrategia a la hora de frenar su avance.
También destacar la importancia del temperamento. Posiblemente a estas alturas ya te hayas dado cuenta de que tu adorable hija se parece demasiado a alguna figura de la familia con un carácter «especial» o «fuerte». Mala noticia: el temperamento no se puede cambiar. Buena noticia: el temperamento sí se puede modelar.
Duración: rabietas que duran horas:
Es normal que nos asuste lo mucho que duran las pataletas de los hijos. Y es que los berrinches puedes ser muy desesperante, y 5 minutos pueden llegar a parecernos 5 horas.
Por lo general, la duración promedio suele estar en unos 10-15 minutos, siempre que no la avivemos ni hagamos cosas que entorpezcan su desaparición.
Si las rabietas de tu hijo duran más de 20 minutos, aconsejo que se busque ayuda profesional para descarta cualquier causa que hemos comentado con anterioridad.
Algo importante que debemos tener en cuenta, sobre todo si trabajamos con psicólogos infantiles colegiados, es que con el paso de los meses las rabietas cada vez duren menos. Eso será un buen indicativo de que estamos caminando el sendero correcto.
Un factor clave a la hora de que los berrinches se «suavicen» será acompañarlos con tranquilidad y respeto. Algo que muchos padres no saben hacer y algo que se puede aprender fácilmente.
Cómo manejarlos. ¿Qué puedo hacer o decir?
Bien, y llegamos al final y con esto me gustaría recapitular lo aprendido.
Primero, que la rabietas son normales y transitorias en general.
Segundo, que existen numerosos factores que las pueden incrementar y que debemos descartar con ayuda profesional.
Tercero, sí. Se pueden hacer cosas para hacer que los berrinches disminuyan su intensidad.
Cuando nuestro hijo esté en pleno descontrol emocional lo más recomendable es acompañarlo. Nos sentaremos a una distancia prudencial y le diremos que estamos a su lado por si quiere un abrazo o un beso. Respetaremos su espacio (porque seguramente dirá que nos marchemos lejos) pero sin abandonar la habitación en la que se encuentre. Esperaremos pacientemente a que ceda toda esa intensidad emocional y cuando se calme, le daremos un abrazo y le diremos que lo ha hecho muy bien.
Ojo, si la rabieta nos pilla fuera de casa y no podemos realizar este acompañamiento, simplemente procederemos a coger al niño y a llevárnoslo con calma y respeto. Simple, pero efectivo. Sin culpas ni reproches.
También importante, si nuestra hija usa la rabieta para obtener algo a modo de chantaje («si no me das esa piruleta me tiraré al suela y verás»), podemos ignorar al niño hasta que se le pase. Pero eso sí, si entra en descontrol emocional, mejor siempre acompañar.